El Plan social nacido para contener y auxiliar a familias con alta vulnerabilidad nutricional, hace dos meses que no se entrega en Río Negro sin que nadie de explicaciones. Consiste en 400 pesos para compra de alimentos sola y exclusivamente, operación que se hacía con una tarjeta magnética. Así, la ayuda al sector más sensible de la población se transforma casi en un abandono de persona por parte del mismo estado que en su momento propagandizó las bondades de ese programa. “Incluir Río Negro” es la versión rionegrina de del Plan Nacional de Seguridad Alimentaria (PNSA), con los recurso de Nación pero administrados por la provincia.

“Queremos que en todos los hogares del país las familias lleven a su mesa los alimentos primordiales para su salud. Por eso, garantizamos un complemento nutricional para que las personas con mayor grado de vulnerabilidad social compren, mediante una tarjeta y sin intermediarios, los recursos alimenticios necesarios” argumentaba el gobierno nacional al socializar el programa. Lo cierto es que –aún en tiempos del gobierno de Cristina Fernández- la Tarjeta no se habilitó algún mes y tampoco dieron explicaciones.

Pero ahora, hace dos meses que no se habilita o se recarga la tarjeta para que los beneficiarios puedan recibir ese paliativo y ni el gobierno nacional ni el gobierno provincial brindan información alguna sobre el particular. Tampoco han salido a suplantar o brindar algún tipo de ayuda provisoria que reemplace provisoriamente la ausencia de ese plan social.

Así las cosas, el pedio de auxilio recaer sobre los municipios, muchos de los cuales ya tienen problemas para funcionar y cumplir con todos sus compromisos, con el agravante que la situación se complica más en Río Negro por la quita del 15 % de la coparticipación por parte del gobierno nacional, y los aumentos salariales que los gremios imponen ante la creciente inflación.

Cuando en Río Negro se pasó de los ticket a las tarjetas magnéticas, desde el gobierno provincial presentaban este cambio casi eufóricos, señalando que “se trata de una nueva modalidad de distribución de los cupos del Programa del Plan Nacional de Seguridad Alimentaria (PNSA). Las tarjetas del PNSA están destinadas a la compra de alimentos a aquellas familias en condiciones socialmente desfavorables y de vulnerabilidad nutricional. El Plan busca garantizar la seguridad alimentaria y la educación nutricional de la población”.

Lo cierto es que hace dos meses, en Río Negro del tema no se habla más y ante la consulta de los beneficiarios existe una sola respuesta “No sé”. Atrás parece haber quedado aquella sensibilidad social que ponía énfasis en “garantizar la seguridad alimentaria de la población”.

Para colmo de males, el gobierno nacional implementó políticas económicas que impactaron de lleno en los sectores de menores recursos, donde la inflación aumenta el riesgo de las familias que ya tenían un alto grado de vulnerabilidad.-

EL PLAN SOCIAL DE SEGURIDAD ALIMENTARIA FUE POCO MÁS QUE UNA EXPRESIÓN DE DESEO

Tal vez por falta de recursos, por Además, trabajamos para que las personas incorporen hábitos sanos y lleven a falta de información concreta del estado real de ciertos sectores de la sociedad sumidos en la pobreza y la inigencia, el gobierno de Cristina Fernández no logró que esa muy buena idea llegara a aplicarse en todos sus términos en todos lados.

El gobierno de entonces proponía que las familias más necesitadas pudieran llevar a su mesa alimentos suficientes que favorezcan su desarrollo. “Si todos comemos bien: vivimos y crecemos mejor” proponía el gobierno anterior.

Para hacer realidad estos objetivos, el Plan Nacional de Seguridad Alimentaria (PNSA), había previsto cuatro líneas de acción:

Familias y nutrición: Se crearian instancias de capacitación, actividades culturales, jornadas y espacios de encuentro para que las familias compartan la experiencia de comer juntos y aprendan sobre alimentación sana.

Abordaje comunitario: Se fortalecería el trabajo de organizaciones comunitarias que brindan servicios alimentarios: desde financiamiento hasta la articulación de espacios de encuentros y capacitación.

Pro Huerta: Tenía el propósito que las familias pongan en marcha sus propias huertas en sus hogares, obtengan alimentos para el consumo diario y comercialicen sus excedentes.

Educación alimentaria nutricional: Se enseñaría sobre las propiedades de los alimentos, la elaboración de comidas, aspectos nutricionales y todo lo que tiene que ver con una alimentación saludable.

La mayoría de esos ítem quedó en los enunciados en muchas localidades de país, donde sólo se conocía del plan la tarjeta para realizar cada vez compras más magras, con una regularidad dudosa a la hora de habilitar cada mes el monto a percibir que rondaba los 400 pesos.-

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